jueves, 3 de diciembre de 2009

desarrollo sostenible: un tema que nos compete a todos

La cuestión ambiental es un tema que aún no hace parte en forma plena de la discusión económica. A pesar del fuerte impacto que ejerce sobre el desarrollo, muchos economistas se resisten a tratarlo e incorporarlo en sus análisis.
Al finalizar la primera década del siglo XXl, es evidente que, a los problemas tradicionales de pobreza y desigualdad, se adicionan los límites y requisitos ecológicos, así como la necesidad de revertir los procesos de deterioro ambiental para lograr un desarrollo sostenible y equitativo en las próximas décadas, dentro de un complejo contexto de globalización económica.
En el ámbito local, es urgente superar la degradación de la calidad del agua, del suelo y del aire, en particular en las zonas urbanas que hoy albergan alrededor de tres cuartas partes de la población y detener los procesos de desertificación y pérdida de biodiversidad y de suelo, para garantizar la sostenibilidad de la producción agropecuaria, minera y forestal. Se han alcanzado límites riesgosos en la explotación de los recursos naturales, que exigen un cambio de rumbo, ya que se han incrementado las actividades productivas, frente a una limitada dotación de recursos. Para no ir tan lejos, basta aludir al caso del agua, recurso considerado suficiente para nuestras necesidades, pero con grave peligro de volverse -más pronto que tarde- escaso por la destrucción de las fuentes.
El acceso al agua y por ende al riego es un factor determinante de la productividad de la tierra y la estabilidad de las cosechas. La productividad de las tierras con riego es más del doble de la de las tierras de secano. Sin irrigación, el aumento en los rendimientos y en el producto, que han alimentado a la creciente población colombiana y estabilizado hasta cierto punto la producción de alimentos, no hubieran sido posibles. En realidad la demanda por agua, tanto para usos agrícolas como no agrícolas, está aumentando y la escasez de este recurso ya se insinúa en el horizonte. Con todo, no es de esperar que aumente en forma sustancial la disponibilidad de agua para riego por la fuerte competencia de los sectores industriales y de la población en rápido crecimiento; además, el desarrollo de nuevas fuentes es costoso.
Los nuevos desafíos ambientales, como el efecto invernadero, la destrucción de la capa de ozono, la degradación ambiental de cuencas, áreas costeras y otras fuentes, la desertificación unida a la pérdida de superficie arable, así como las crecientes tasas de extinción de especies de fauna y flora, son una muestra de la insostenibilidad del estilo actual de desarrollo, que además pone en tela de juicio los propios patrones culturales de relación entre seres humanos y naturaleza.
La gestión ambiental, por tanto, como dimensión esencial del desarrollo sostenible, exige hacer políticas nuevas, acompañadas de conocimientos e instrumentos interdisciplinarios, lo que implica un reto social y político de gran envergadura, dado el conflicto de intereses de múltiples actores económicos. Esta situación plantea al gobierno el importante desafío de estructurar nuevos marcos institucionales e instrumentales de gestión ambiental que permitan reorientar el desarrollo futuro hacia patrones de producción y consumo compatibles con la sostenibilidad ambiental y para reducir los importantes rezagos sociales que acosan a nuestro país. Un desafío clave es superar la disociación entre las políticas públicas y las preferencias ciudadanas.

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